lunes, 8 de septiembre de 2014

Un viaje incompleto entre lágrimas propias y palestinas (Crónica de Josu Juaristi)

Más de dos mil muertos y miles de heridos ardiendo en el alma; la II Guerra Mundial en Gaza; emergencia nacional, económica, social y vital, check-points, colonos y un país desconecta- do.¿Cómo desarrollar (siquiera imaginar) un proyecto de vida, y de pueblo, cuando la ocupación lo ocupa todo? ¿Y cómo no admirar la lucha y el compromiso palestino, sorprenderse con su paciencia?

Tras superar, con mayor o menor suerte, los controles de seguridad en el aeropuerto de Tel Aviv (la salida no fue mejor), tomamos la carretera hacia Jerusalen en plena madrugada. Vemos las luces de la ciudad y amanecemos a sus voces y olores. Esa mañana, la primera, un pequeño dron con una cámara surge de la nada y se detiene, silencioso, a apenas tres metros del ventanal del cuarto piso del National Hotel donde la delegación de GUE/NGL toma su primer desayuno y prepara los intensos cuatro días que le esperan.

Israel no nos permite entrar en Gaza aduciendo que no somos una delegación humanitaria. La hipocresía se refleja aún más terrible cuando observamos en los almacenes de la Media Luna Roja los pallets llenos de
material de primera necesidad y de emergencia imprescindibles para atender la tragedia de la población en Gaza y que no pueden salir hacia la Franja porque el Gobierno israelí no da luz verde. Y hemos visto fotos y vídeos de lo que ha pasado en los cincuenta largos días del peor bombardeo que ha sufrido Gaza, entre lágrimas propias y lágrimas palestinas. Hemos prometido dar lo mejor de nosotros mismos, ser la voz de los sin voz.

Material para la CPI

Estos cuatro días hemos hablado con mucha gente en Jerusalén, Ramallah, Belén y en Hebrón. Hemos visto el infame muro, por supuesto, hemos hablado con la gente, con las autoridades, con organizaciones sociales y civiles, hemos acompañado a los familiares de los prisioneros y a la diputada del Frente Popular que resiste en el Consejo Legislativo amenazada de una orden de deportación por el Ejército israelí.

Palestina puede explotar, toda la región puede estallar, y esta es una posibilidad real. Uno pasea por la parte vieja de Hebrón, como hizo la delegación parlamentaria con su seguridad bien cubierta, y se lo imagina perfecta- mente. Uno observa a los 400 colonos protegidos por más de 600 guardias y soldados fuertemente armados en el corazón de esta ciudad palestina y que, de paso, propagan su impunidad (cortando una calle para unir dos asentamientos -ilegales, por supuesto-, o reteniendo a niños de 8 años para resgistrarles sus mochilas.

Los asentamientos, los check-points, los permisos israelíes para todo, para moverse, para tener agua, para cualquier cosa, están ahogando a la población y eliminando de facto la posibilidad de un Estado palestino. «The negotiation is over, the ocupation must end» es un mensaje claro que hemos oído estos días. No puede haber negociación sin mapas reales, sin garantías, sin nada.

Es realmente urgente que la opinión pública marque la diferencia. Es la hora de transformar las cosas. Palestina no puede esperar más. Y, por supuesto, es urgente cambiar el equilibrio de fuerzas dentro de Israel. Pero, ¿cómo? Todos los palestinos, por supuesto el BDS (la mayor coalición de la sociedad palestina), la izquierda europea, incluso algunas universidades estadounidenses, Sudáfrica y buena parte de América Latina, apuestan por un bloqueo en toda regla, por un embargo militar y un boicot económico, académico, cultural... contra Israel. Algunos diputados laboristas con los que compartimos un intenso debate ayer, como Nitzan Horowitz (experiodista de «Haaretz», activista de LGBT y diputado de Meretz), responden a esta delegación que el boicot o la ruptura del acuerdo de asociación entre la UE e Israel no sirve de nada, que el cambio debe venir de dentro, desde la sociedad israelí. La izquierda situada más a la izquierda en Israel (Haddash-Democratic Front for Peace and Equality, por ejemplo) lo ve de otro modo y ve urgente que se avance con rapidez hacia un boicot claro y total a los asentamientos, porque eso marca una línea roja política que debe fijarse ya.

La izquierda europea no combate a la población israelí, sino a su Gobierno y a la escalofriante derechización de la sociedad israelí (como ocurre también en no pocos estados europeos). La izquierda lucha por los derechos de los palestinos y de Palestina a ser, a vivir con dignidad, libertad y derechos humanos. Contra las colonias, por supuesto ilegales. Tan simple, tan justo y tan dificil en esta convulsa parte del mundo. Es la hora de impulsar el fin de la ocupación, es la hora de ser la voz de los palestinos, en nuestras comunidades, en nuestras naciones, y por supuesto en el Parlamento Europeo.

JOSU JUARISTI (EH Bildu)

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